martes, 20 de septiembre de 2016

Evangelios fotográficos
Creo que la cámara fotográfica puede funcionar para la creación de diversas imágenes, que no siempre coinciden en clasificación y significados. Para mi la fotografía puede ser arte o no, así como un dibujo o una pintura de igual manera puede ser considerado arte o no. La creación de una imagen no es considerada automáticamente arte porque su fin puede ser una mera representación para diversos fines. El diseño gráfico no es arte porque utiliza un lenguaje de cierta forma universal, su fin es que la idea que comunica sea concebida por todos de igual manera y la mayoría de la veces este lenguaje te incita a consumir algo, ya sea un alimento, una prenda, o un momento (en los casos de conciertos). Te vende algo. Y claro la pintura se puede prestar a eso, refiriéndome a la pintura como técnica. Hacer arte no creo que se limite a la creación de imágenes únicas, aunque muchas personas así lo consideren. El ser humano tiene esta fijación de siempre creerse especial, por lo que tiene o por lo que es, y la verdad es que nunca podrá ser completamente una realidad. Y es que todos sabemos que al adquirir una obra de arte única (refiriéndome a que no existen dos como aquella) uno esta obteniendo alguna clase de estatus, del que puede valerse y presumir ante los ojos de los que integran nuestro su circulo social. La fotografía parece vulgar ante los ojos de demás porque una de sus características es el poder reproducir la imagen con misma fidelidad de la que fue revelada de la primera fotografía. La cámara para mi es una herramienta más, como lo es un pincel o una gubia, al sostener aquella herramienta tú les das el uso que desees, pero independientemente de eso, el hacer uso de ella no significa nada en absoluto. Nosotros los humanos constantemente añoramos el pasado, como si de alguna forma hubiese sido mejor que lo que vivimos, y es que cuando queremos escapar, siempre deseamos regresar a los momentos agradables que pasamos, entre más viejos nos volvemos comienza esta melancolía y negación al cambio, como si de repente fuese imposible vivir con más intensidad, le damos un valor tremendo a lo imposible, porque lo verdaderamente imposible en esta  vida es revivir un momento de manera genuina e inocente como fue experimentado la primera vez, para eso necesitaríamos una maquina del tiempo, que aún no existe siquiera.  Entonces una fotografía te remite al pasado, porque te hace recordad detalles ya olvidados, reconstruye de manera vaga, pero reconstruye, momentos  inalcanzables pero alguna vez disfrutados.

El mundo de la imagen.
El tema de la realidad es aún un tema muy ambiguo para mi, nunca podremos ver la realidad con tanta objetividad como deseáramos, creemos poder saberla y tener conocimiento de ella si estamos atentos, pero nosotros obtenemos cualquier información por los sentidos y creo que no se puede ignorar que así como cada mano toca diferente, no todos observamos las mismas cosas ni entendemos de igual manera. La imagen adquiere un significado diferente, ya que creo que cada persona la interpreta y absorbe de manera distinta. Este valor se rige por las creencias que hemos obtenido gracias a lo que hemos vivido y aprendido. Y si para nosotros, una imagen tiene alguna fuerza que nos atrae o repele, es porque nos remite a algo que hemos vivido, o algo que creemos fervientemente.


martes, 13 de septiembre de 2016

Objetos Melancólicos
 
Todo está en constante cambio, la fotografía captura el presente y el instante asciende o desciende rápidamente en lo que fue aquello. Aquel registro comienza a formar parte del pasado,  es extraño pensar en lo poco que registra el lente, en comparación a lo que dentro de un instante sucede, y  sobre todo la decisión que queda implícita del fotógrafo.  El constante cambio caracteriza a la época moderna. Todo lo que desechamos se ha convertido en materia con potencial para ser reutilizada y revalorizada. Algo así sucede con aquellos instantes que la fotografía captura y que convierte en objetos. Reutilizamos lo que resta apenas de aquel instante, una imagen que ya no pertenece a ningún otro momento y la revalorizamos. Podemos observar aquella imagen el tiempo que nos plazca y tomarnos el tiempo  para apreciarla.

En la página 104 Sontag habla sobre el seguimiento que un álbum fotográfico le da al envejecimiento de una persona. Aquel pensamiento siempre me ha perturbado. No solo al observarlo en mi antiguas fotografías de infancia, si no, el tener esa sensación al contemplar las fotografías de juventud de alguien más, ya sea de alguien tan cercano a mi como lo es mi propia familia, u observar y sentir lo mismo al ver una fotografía tomada décadas atrás de algún desconocido. Siempre me pregunto su actual aspecto y estado físico, y el pensamiento de la  muerte siempre se hace presente.

Creo que con la fotografía sucede lo mismo que pasa en la pintura, con esta cuestión de que el marco le adhiere de forma inmediata un aspecto formal a cualquier garabato, al fotografiar una imagen enmarcas un instante y que se vuelve digno de ser visto.

El heroísmo de la visión

Si bien Susan Sontag abre este capitulo con la idea de que la fotografía embellece las cosas y que en ellas es raro descubrir la fealdad, en la segunda página, habla sobre como las personas esperamos que una fotografía nos haga lucir mejor que en la vida real, o que en ella, en realidad observamos mediante una visión objetiva (de alguien más que en realidad sería subjetiva) la verdadera apariencia de nuestro físico. Yo difiero, y no, no creo que en la fotografía no se pueda descubrir la fealdad. Creo en que en una fotografía la fealdad adquiere un carácter distinto que no se logra apreciar en lo cotidiano. Y para descubrir aquel carácter, la fotografía le adhiere la importancia por el simple hecho de ser retratado.  Su “razón de ser”, es la idea que la fotografía le otorga.

Las fotografías que son mostradas al mundo con tanto orgullo, o que son vistas con interés, en realidad siempre pasan por un proceso de selección, desde que se aprieta el obturador, el fotógrafo esta decidiendo qué ángulo quiere mostrar. No creo que la palabra fealdad o belleza, estén presente en la fotografía, sí creo que al fotografiar algo adquiere cierto significado e importancia, pero hasta en eso, no en cualquier imagen se logra. Creo que es la selección, y el cuidado de las composición, que tiene la visión sensible del fotógrafo, lo que logra embellecer cualquier cosa que es común a la vista, esa elección le puede dar carácter a cualquier cosa que el fotógrafo crea que es digno de admirarse.

No creo que la cámara sea cruel, ni siquiera fría, creo que es el contexto y el formato en el que la imagen de la fotografía es mostrada. Por ejemplo compartir una foto en Facebook sobre algún accidente automovilístico, en el que se muestras los cuerpos inertes de las victimas desensibiliza a quienes lo ven, ya que en esa misma red social es donde las personas muestran fotos de sus vacaciones o eventos sociales con un sentido totalmente superfluo y banal. Entonces es ahí en donde la fotografía gracias al contexto se matiza con el resto del contenido de aquella página. 




lunes, 5 de septiembre de 2016

“Sobre la Fotografía”

Capitulo 1. En la caverna de Platón

La fotografía, a menudo, es pensada por muchos como algo muy impersonal en el que todas las imágenes que han sido reproducidas por ella, tiene una misma visión del mundo, la visión exacta y objetiva que solamente te puede dar una maquina, un aparato, una tecnología, que no es para nada humana. Me he topado con personas que no piensan en la fotografía como una expresión artística, pero esta idea es propiciada erróneamente gracias a la publicidad que gira entorno a ella, y que vende el concepto de que una cámara fotográfica, es tan práctica, útil y fácil de usar por cualquier persona que pueda apretar un botón. Creo en la idea que desarrolla Susan Sontag en el primer capítulo, en el que habla de la fotografía como una  interpretación, interpretación que es dada por el que esta detrás del aparato que decide qué enfocar, retratar, qué quitar y qué incluir en la foto. La fotografía es evidencia, es conservar e invocar recuerdos,  transmite visiones de quien se apropia de ella. Ser fotógrafo es capturar instantes, ser ese espectador que es paralelo a ellos.

Hay un parte del texto de la pág. 22 con la cual me identifiqué de inmediato, en donde habla de la fotografía en donde comienza a haber este fenómeno que sucede un siglo atrás en el que hay más probabilidad de que las familias, que ya tienen como integrantes niños, cuenten con una cámara fotográfica, y es que no había identificado o nunca me había puesto a reflexionar  la razón por la cual mi papá adquirió una cámara profesional, aunque este asunto, entre más lo pienso, se vuelve más evidente que es cierto que dentro de las fotos tomadas por él, únicamente mi hermano y yo siempre hayamos sido los protagonistas y a veces también lo fue mi mamá. Me viene a la mente, la tarde de un domingo familiar, en la que todos reunidos enfrente del televisor  contemplamos tres videos, en el primero y más representativo se muestra a mi hermano a la edad de un año, jugando con mis primos en la sala de un departamento en Acapulco, donde vivíamos anteriormente. Aunque yo no existía en ese entonces, al estar ahí sentada en el sillón, sentí una profunda nostalgia y melancolía al ver como mis papás abrazaban el pasado con añoranza, mientras oía a mi padre arrepentirse de no haber grabado en más ocasiones. Y es que lo mismo pasa en la fotografía. He conocido casos en que personas, que durante su infancia sus familias no tenían acceso a tomarles fotos por cuestiones económicas, conservan apenas un par, que fueron tomadas por suerte, y  que se convierten en objetos atesorados por ellos durante toda su vida.  Como si fuese necesario esta cuestión de recuerdo, y de añorar un pasado que no es posible evocar en su totalidad por medio de una fotografía.



Capítulo 2.  Estados Unidos visto por fotografías, oscuramente.

En el segundo capítulo, la autora habla sobre como las ideología sobre la belleza propuesta por Whitman,  fue el punto de partida para los fotógrafos estadounidenses de la primera mitad del siglo 20.  Ellos trataron de desmentir las razones, que respecto al arte, separaban a lo feo de lo hermoso, a lo importante de lo usual. Sontag habla sobre la probabilidad de que no exista algún tema que no pueda ser representado como bello, pues tan solo con fotografiarlo, es querer hacer que otra persona lo contemple, o le de una mirada que nunca hubiera existido, si esto no hubiese sido capturado.  La fotografía concede relevancia.


Habla sobre la obra de Diane Arbus y Walker Evans. En ambos trabajos existe una no intervención a lo retratado. Por una parte Diana Arbus, si crea esta clase de acercamiento con los “monstruos” que retrata, puesto que ellos se encuentran hasta posando. Aunque, según ella, nunca se debía intervenir en su vida, si no solo encontrarse temporalmente de visita.  El tema de los monstruos comienza a estar de moda en los años sesenta. Con Walker Evans el asunto es diferente, el retrataba a las personas sin que estas se percataran de ello. La mirada es diferente cuando sabemos que estamos siendo retratados, a diferencia de cuando nos encontramos ausentes en nuestra mirada u observando, en donde no somos conscientes de la imagen que proyectamos. Ambas miradas me parecen interesantes. Diane y Walker son los artistas influenciados y  sobre todo más cercanos a lo dicho por Whitman en esa época.