“Sobre la Fotografía”
Capitulo 1. En la caverna de Platón
La fotografía, a menudo, es pensada por muchos como algo muy
impersonal en el que todas las imágenes que han sido reproducidas por ella,
tiene una misma visión del mundo, la visión exacta y objetiva que solamente te
puede dar una maquina, un aparato, una tecnología, que no es para nada humana.
Me he topado con personas que no piensan en la fotografía como una expresión
artística, pero esta idea es propiciada erróneamente gracias a la publicidad
que gira entorno a ella, y que vende el concepto de que una cámara fotográfica,
es tan práctica, útil y fácil de usar por cualquier persona que pueda apretar
un botón. Creo en la idea que desarrolla Susan Sontag en el primer capítulo, en
el que habla de la fotografía como una
interpretación, interpretación que es dada por el que esta detrás del
aparato que decide qué enfocar, retratar, qué quitar y qué incluir en la foto. La
fotografía es evidencia, es conservar e invocar recuerdos, transmite visiones de quien se apropia de
ella. Ser fotógrafo es capturar instantes, ser ese espectador que es paralelo a
ellos.
Hay un parte del texto de la pág. 22 con la cual me
identifiqué de inmediato, en donde habla de la fotografía en donde comienza a
haber este fenómeno que sucede un siglo atrás en el que hay más probabilidad de
que las familias, que ya tienen como integrantes niños, cuenten con una cámara
fotográfica, y es que no había identificado o nunca me había puesto a
reflexionar la razón por la cual mi papá
adquirió una cámara profesional, aunque este asunto, entre más lo pienso, se
vuelve más evidente que es cierto que dentro de las fotos tomadas por él, únicamente
mi hermano y yo siempre hayamos sido los protagonistas y a veces también lo fue
mi mamá. Me viene a la mente, la tarde de un domingo familiar, en la que todos
reunidos enfrente del televisor
contemplamos tres videos, en el primero y más representativo se muestra
a mi hermano a la edad de un año, jugando con mis primos en la sala de un
departamento en Acapulco, donde vivíamos anteriormente. Aunque yo no existía en
ese entonces, al estar ahí sentada en el sillón, sentí una profunda nostalgia y
melancolía al ver como mis papás abrazaban el pasado con añoranza, mientras oía
a mi padre arrepentirse de no haber grabado en más ocasiones. Y es que lo mismo
pasa en la fotografía. He conocido casos en que personas, que durante su
infancia sus familias no tenían acceso a tomarles fotos por cuestiones
económicas, conservan apenas un par, que fueron tomadas por suerte, y que se convierten en objetos atesorados por
ellos durante toda su vida. Como si
fuese necesario esta cuestión de recuerdo, y de añorar un pasado que no es
posible evocar en su totalidad por medio de una fotografía.
Capítulo 2. Estados
Unidos visto por fotografías, oscuramente.
En el segundo capítulo, la autora habla sobre como las
ideología sobre la belleza propuesta por Whitman, fue el punto de partida para los fotógrafos
estadounidenses de la primera mitad del siglo 20. Ellos trataron de desmentir las razones, que
respecto al arte, separaban a lo feo de lo hermoso, a lo importante de lo
usual. Sontag habla sobre la probabilidad de que no exista algún tema que no
pueda ser representado como bello, pues tan solo con fotografiarlo, es querer
hacer que otra persona lo contemple, o le de una mirada que nunca hubiera
existido, si esto no hubiese sido capturado. La fotografía concede relevancia.
Habla sobre la obra de Diane Arbus y Walker Evans. En ambos
trabajos existe una no intervención a lo retratado. Por una parte Diana Arbus,
si crea esta clase de acercamiento con los “monstruos” que retrata, puesto que
ellos se encuentran hasta posando. Aunque, según ella, nunca se debía
intervenir en su vida, si no solo encontrarse temporalmente de visita. El tema de los monstruos comienza a estar de
moda en los años sesenta. Con Walker Evans el asunto es diferente, el retrataba
a las personas sin que estas se percataran de ello. La mirada es diferente
cuando sabemos que estamos siendo retratados, a diferencia de cuando nos
encontramos ausentes en nuestra mirada u observando, en donde no somos
conscientes de la imagen que proyectamos. Ambas miradas me parecen
interesantes. Diane y Walker son los artistas influenciados y sobre todo más cercanos a lo dicho por
Whitman en esa época.


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