martes, 13 de septiembre de 2016

Objetos Melancólicos
 
Todo está en constante cambio, la fotografía captura el presente y el instante asciende o desciende rápidamente en lo que fue aquello. Aquel registro comienza a formar parte del pasado,  es extraño pensar en lo poco que registra el lente, en comparación a lo que dentro de un instante sucede, y  sobre todo la decisión que queda implícita del fotógrafo.  El constante cambio caracteriza a la época moderna. Todo lo que desechamos se ha convertido en materia con potencial para ser reutilizada y revalorizada. Algo así sucede con aquellos instantes que la fotografía captura y que convierte en objetos. Reutilizamos lo que resta apenas de aquel instante, una imagen que ya no pertenece a ningún otro momento y la revalorizamos. Podemos observar aquella imagen el tiempo que nos plazca y tomarnos el tiempo  para apreciarla.

En la página 104 Sontag habla sobre el seguimiento que un álbum fotográfico le da al envejecimiento de una persona. Aquel pensamiento siempre me ha perturbado. No solo al observarlo en mi antiguas fotografías de infancia, si no, el tener esa sensación al contemplar las fotografías de juventud de alguien más, ya sea de alguien tan cercano a mi como lo es mi propia familia, u observar y sentir lo mismo al ver una fotografía tomada décadas atrás de algún desconocido. Siempre me pregunto su actual aspecto y estado físico, y el pensamiento de la  muerte siempre se hace presente.

Creo que con la fotografía sucede lo mismo que pasa en la pintura, con esta cuestión de que el marco le adhiere de forma inmediata un aspecto formal a cualquier garabato, al fotografiar una imagen enmarcas un instante y que se vuelve digno de ser visto.

El heroísmo de la visión

Si bien Susan Sontag abre este capitulo con la idea de que la fotografía embellece las cosas y que en ellas es raro descubrir la fealdad, en la segunda página, habla sobre como las personas esperamos que una fotografía nos haga lucir mejor que en la vida real, o que en ella, en realidad observamos mediante una visión objetiva (de alguien más que en realidad sería subjetiva) la verdadera apariencia de nuestro físico. Yo difiero, y no, no creo que en la fotografía no se pueda descubrir la fealdad. Creo en que en una fotografía la fealdad adquiere un carácter distinto que no se logra apreciar en lo cotidiano. Y para descubrir aquel carácter, la fotografía le adhiere la importancia por el simple hecho de ser retratado.  Su “razón de ser”, es la idea que la fotografía le otorga.

Las fotografías que son mostradas al mundo con tanto orgullo, o que son vistas con interés, en realidad siempre pasan por un proceso de selección, desde que se aprieta el obturador, el fotógrafo esta decidiendo qué ángulo quiere mostrar. No creo que la palabra fealdad o belleza, estén presente en la fotografía, sí creo que al fotografiar algo adquiere cierto significado e importancia, pero hasta en eso, no en cualquier imagen se logra. Creo que es la selección, y el cuidado de las composición, que tiene la visión sensible del fotógrafo, lo que logra embellecer cualquier cosa que es común a la vista, esa elección le puede dar carácter a cualquier cosa que el fotógrafo crea que es digno de admirarse.

No creo que la cámara sea cruel, ni siquiera fría, creo que es el contexto y el formato en el que la imagen de la fotografía es mostrada. Por ejemplo compartir una foto en Facebook sobre algún accidente automovilístico, en el que se muestras los cuerpos inertes de las victimas desensibiliza a quienes lo ven, ya que en esa misma red social es donde las personas muestran fotos de sus vacaciones o eventos sociales con un sentido totalmente superfluo y banal. Entonces es ahí en donde la fotografía gracias al contexto se matiza con el resto del contenido de aquella página. 




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